El cliente monstruo

En una de esas tantas comidas familiares, suelo quedarme apartada de las conversaciones. No porque me ignoren (que alguna vez ha pasado jaja), si no porque aprendí con el tiempo que me resultaba más interesante escuchar a las personas que involucrarme en las propias discusiones . Y, a lo largo de varios meses, de varias comidas familiares, de coincidir con distintas personas con distintos puntos de vista y de varias conversaciones; descubrí algo que ya tenía en mente pero que no le daba importancia. Y es el rencor que podemos llegar albergar.

Me dí cuenta de que aquellas personas que habían tenido una mala experiencia les era muy difícil olvidarla (cuántas veces habré escuchado ya que no debo ir a cierto restaurante) y reiteraban en el tema, pero en cambio no solían hablar mucho sobre las buenas. Entonces me pregunté el porqué, y en una de estas conversaciones me vino la respuesta. Una persona comenzó a comentar algo que le había gustado mucho. El problema es que lo comentó tantas veces, que se volvió molesto para otros que estaban allí. Y ahí encontré la diferencia:

Cuando alguien te avisa de algo que no le ha gustado el ser humano lo considera como una advertencia y por ello no te importa escucharlo varias veces ya  que es para protegerte. En cambio, cuando se reitera tanto sobre algo que ha gustado, da la sensación de que quieren vendértelo más que aconsejártelo. Un ejemplo:

“Yo tenía un profesor en la carrera que es admirador de MAC tanto a nivel producto como empresarial. A mi me gustaban los productos pero después de pasar unos meses con este profesor, deseché la idea de comprarme alguno. Había escuchado tanto hablar de éstos productos que al final acabé aborreciéndolos. Seguramente no sería la intención de éste profesor, pero personalmente el exceso de halagos me resultó cansino. “

Podríamos decir que el ser humano se basa en su instinto animal de protección en cuanto a las “advertencias” pero que en tema de “recomendaciones” se basan en su parte más  emocional.

Es por eso que es mucho más probable que un consumidor se convierta en un monstruo destructivo si no queda satisfecho que se convierta en un “buzz” que mejore la imagen del producto si ha quedado satisfecho.

Pero aún así, ¿deberíamos considerar felicitar a la empresa por el productos que ha cumplido con todas nuestras expectativas?

Según un libro de antropología humana que leí hace tiempo, decía que dentro de una tribu no se agradecía ningún tipo de regalo, tanto si era de algún miembro como si no. No agradecían el presente no por que fueran unos desagradecidos, sino porque consideraban que si felicitaban al hombre que les regala algo, le harían convertirse en un ser prepotente y que tarde o temprano se consideraría mucho mejor que el resto.

A nivel personal, considero que no hay que felicitar siempre – y que hay que echar broncas cuando sea necesario-, pero si dar algún ánimo cuando lo merezca (tanto a las empresas como a las personas). Ya que por un lado tiene ciertas obligaciones en el trabajo,  pero por otro  lado  si felicitas a una persona o empresa por los buenos resultados, seguramente la próxima vez lo intentará hacer igual o mejor para que reconozcan su valía. Y consecuentemente, aumentará su productividad. Porque no hay nada mejor que te valoren positivamente en tu puesto de trabajo.

¿Y a vosostros?¿Os han felicitado alguna vez por vuestro trabajo o sólo se han acordado de vosotros cuando habeis metido la pata? ¿Qué opinais sobre éste tema?

3 thoughts on “El cliente monstruo

  1. Onofre diciembre 6, 2010 / 6:43 pm

    Pues en mi trabajo creo que he tenido las dos experiencias, me han felicitado por mi buen trabajo casi tantas veces como me han echado la bronca por algún despiste… estoy totalmente de acuerdo que es tan positivo para el desarrollo profesional tanto las alabanzas como las críticas, siempre en su justa medida y en el momento adecuado.
    Muy buen post por cierto, buen trabajo Andrea, jeje.

  2. alueco diciembre 7, 2010 / 2:35 pm

    Graciiias ¡Ese es el espíritu! jajaja.
    En mi caso, estuve trabajando en una empresa en la que en ningún momento sabía si hacía bien o no el trabajo. No me decían absolutamente nada y no sabía a qué atenerme.
    Al final me dijeron que si no me decían nada es que lo estaba haciendo bien, pero aún así me quedé un poco apagada.
    Luego ya cuando se me acabó el contrato otras personas me dijeron que habían quedado muy contentos. ¡¡Pero me hubiera gustado que me lo dijeran en persona!!
    De todas formas, no lo pasé mal en aquel puesto de trabajo y seguramente, si tuviera la ocasión, lo volvería a repetir.

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